4 formas en las que tu cerebro cambia al practicar mindfulness

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Jorge Benito
Nuestro cerebro es extraordinariamente plástico. Está constantemente cambiando y reorganizándose.

Esta neuroplasticidad no depende solamente de lo que el cerebro capta a través de las ventanas sensoriales, o de nuestras acciones cotidianas. Nuestros pensamientos y emociones tienen el mismo peso neurológico que todo eso que vemos, olemos y hacemos.

Cada pensamiento, sensación, sentimiento, emoción, hábito, acción, experiencia e interpretación de lo sucedido son fuentes de información que el cerebro usa para reconfigurarse en tiempo real.

Y dado que puedes controlar gran parte de esta información que el cerebro recibe, tienes el poder de autodirigir tu propia neuroplasticidad.

Puedes intervenir voluntariamente en el flujo de información que tu cerebro recibe para optimizar funciones cerebrales tan provechosas como la planificación cognitiva compleja, la toma de decisiones, la resolución de problemas, el discernimiento, la memoria, la atención y la acción estratégica, entre muchas otras.

La práctica de mindfulness es la mejor forma de entregarle la información que más le favorece, tal y como muestran las más recientes investigaciones en neurociencia, y en este breve artículo vas a conocer 4 formas en las que tu cerebro cambia al incorporar el hábito de atención plena.

1. Desconecta el «Centro del Yo» del cerebro

La doctora Rebecca Gladding expone que solemos tener fuertes conexiones neuronales con la corteza prefrontal ventromedial, lo que ella llama el «Centro del Yo» del cerebro.

Esto nos vuelve más propensos a interpretar las situaciones de vida como un problema personal, y es más probable que experimentemos pensamientos repetitivos de miedo sobre nuestras vidas, sobre los errores que hemos cometido, sobre lo que la gente piensa acerca de nosotros, etc. Una puerta abierta hacia el estrés, la ansiedad y la depresión.

Este «Centro del Yo» no es particularmente racional. No se sirve de procesos superiores de pensamiento para operar. Es reactivo, impulsivo e irreflexivo.

Por el contrario, las personas que practican mindfulness regularmente muestran conexiones más débiles con este «Centro del Yo» del cerebro y conexiones más fuertes con la corteza prefrontal lateral, o el «Centro de Evaluación» del cerebro.

Esto les ayuda a ver los problemas y dificultades de manera menos personal, acercarse a ellos con mayor perspectiva y plantear soluciones más racionales.

2. Amígdala pequeña + corteza grande = claridad mental

La práctica de mindfulness facilita que la amígdala experimente una extraordinaria regulación.

La amígdala es el centro de «lucha o huida». Es la parte de nuestro cerebro que controla nuestra reactividad ante el miedo y el estrés. Cuando la amígdala se activa, experimentamos esas sensaciones de agobio y nerviosismo. Si la amígdala está sobreestimulada, la sensación de ansiedad es constante, lo cual es bastante habitual para una creciente porción de la población mundial.

Cuando practicas mindfulness, tu cerebro deja de rastrear compulsivamente las amenazas, y tu amígdala se calma. Esto es especialmente relevante porque una amígdala calmada permite que las funciones cerebrales superiores aumenten mientras que las respuestas automáticas de los cerebros límbico (emocional) y reptiliano son reguladas.

De hecho, la amígdala se vuelve literalmente más pequeña, mientras que la corteza prefrontal, asociada con procesos cerebrales superiores como la conciencia, la concentración y la toma de decisiones, se hace más gruesa.

Es decir, la práctica de la atención plena favorece respuestas más reflexivas –lo que llamamos claridad mental– e inhibe respuestas cerebrales arcaicas.

3. La función cerebral «maestra»

Nuestras funciones psíquicas y su rendimiento dependen de una compleja interacción entre diferentes regiones cerebrales y reservas cognitivas.

Y la atención es el mecanismo cerebral que más nexos y correspondencias tiene con el resto de funciones cerebrales. Podemos decir que es el pegamento que mantiene a todas las demás funciones unidas.

Cuando ponemos en marcha los engranajes de nuestra atención, muchas otras cualidades psíquicas se fortalecen simultáneamente: memorización, abstracción, metacognición e incluso nuestra regulación emocional, por nombrar solamente algunas.

Dominar la atención es todo un desafío. La mente tiene una capacidad fabulosa de crear nuevos pensamientos, pero nuestra capacidad de mantenernos atentos y enfocados en cada uno de esos pensamientos que genera suele ser escasa y limitada.

La razón es que la atención es un «músculo» que se vigiroriza con el uso y se pierde con el desuso, y nos encontramos en el peor momento posible para mentener esta virtud robusta: cada vez atendemos a más cosas pero lo hacemos por períodos muy cortos. El resultado: un deterioro silencioso de nuestra capacidad de atención. 

Apenas nos damos cuenta. Se cocina a fuego lento, pero las consecuencias son nefastas, ya que este déficit de atención deriva en ese pensamiento descontrolado que crea las bases de un cerebro ansioso y depresivo (tal y como ya te mostré en este artículo).

La práctica de mindfulness es la mejor forma de fortalecer nuestra habilidad de enfocar y dirigir esa capacidad «maestra» llamada atención, lo que al mismo tiempo fortalece las conexiones entre las neuronas (sinapsis), crea nuevas conexiones, favorece la supervivencia neuronal y el funcionamiento cognitivo óptimo y sienta las bases de un cerebro antidepresivo.

4. Estimula la neurogénesis

Hoy sabemos que nuestro cerebro tiene la capacidad de regenerarse gracias a las células madre cerebrales. Este proceso recibe el nombre de neurogénesis y, contrariamente a lo que se piensa, no posee limitaciones de edad.

La neurogénesis depende de múltiples factores, y uno de los más determinantes es el estrés.

El estrés crónico reduce la neurogénesis hasta el punto de llegar a inhibirla por completo, y la práctica de mindfulness, al reducir drásticamente los niveles de estrés, regenera la creación de nuevas células cerebrales.

El cortisol es la más destacada hormona del estrés, y la práctica de mindfulness facilita que el organismo comience a reabsorber este neuroquímico en solo 3 minutos desde que comenzamos a practicar, mientras que al mismo tiempo le indica al cerebro que libere sustancias endógenas que promueven el crecimiento biológico y la neurogénesis (serotonina, dopamina, endorfina, oxitocina, vasopresina, acetilcolina…).

Recuerda que lo que realmente cuenta a la hora de mejorar tu salud y rendimiento cerebral no es acumular información, sino aplicar lo aprendido de forma consistente.

Se trata de incorporar hábitos de crecimiento, y como has podido ver, la ciencia nos muestra que la optimización de nuestras capacidades cerebrales conduce siempre a un hábito clave: la práctica continuada de mindfulness.

Te invito a experimentarlo. Crea tu cuenta gratuita en Mindful Science y comienza a darle a tu cerebro la información que necesita para ayudarte a mejorar tu vida.

Autor

Jorge Benito

Jorge Benito lleva años estudiando desde una perspectiva puramente científica cómo la mente y el cuerpo se conectan y cómo podemos usar este conocimiento para crear hábitos que potencian nuestras capacidades psicobiológicas y nos convierten en personas más sanas, enfocadas, calmadas, equilibradas, resilientes, inspiradoras y conscientes.

Siempre a caballo entre el mundo de la investigación y la aplicación práctica, Jorge dirige el área educativa de Mindful Science, donde explora la activación voluntaria de nuestros mecanismos naturales de transformación biopsicosocial y el fortalecimiento de nuestras capacidades y virtudes humanas.

Así es como solo 10 minutos de mindfulness reducen tu estrés, según la neurociencia

Hay situaciones de vida que a todos nos generan una gran tensión física y mental, pero el estrés no está en las situaciones en sí mismas. No todos respondemos de la misma forma ante una pérdida de empleo, o una discusión familiar, o una enfermedad. ¿Por qué? Porque el estrés no está tanto en lo que nos pasa, sino en la forma en que lo percibimos e interpretamos.