La nueva ciencia del perdón: cómo el rencor nos resta salud física y mental, y cómo el perdón nos fortifica (incluye una sencilla estrategia de 7 pasos)

Jorge Benito

Si en nuestro anterior artículo te mostrábamos una fabulosa herramienta avalada por la ciencia llamada diario de gratitud (click aquí para aprender, paso a paso, cómo crear y mantener el tuyo propio), hoy vamos a adentrarnos en la fascinante ciencia del perdón.

Al igual que la gratitud, el perdón es un área que ha despertado el interés de la comunidad científica internacional, y existen actualmente multitud de investigadores e instituciones que estudian con rigor empírico sus efectos en nuestro cuerpo y nuestra mente, como veremos a continuación.

Sin embargo, las diferencias entre ambos territorios es evidente: mientras que ser agradecido es más asequible, el perdón puede llegar a ser tremendamente complicado, sobre todo cuando nuestras heridas emocionales aún siguen abiertas.

“El débil no puede perdonar. El perdón es un atributo de los fuertes y valientes” – Mahatma Gandhi

La nueva ciencia del perdón

En 1999, la Fundación John Templeton inició la Campaña de Investigación del Perdón (Campaign for Forgiveness Research), una iniciativa que financiaba el trabajo de científicos -en múltiples disciplinas- que estaban interesados en estudiar el perdón de forma rigurosa y a través de protocolos científicos para determinar sus efectos en el cuerpo y la mente.

Entre 1999 y 2005, y gracias al trabajo de la fundación, la literatura científica pasó de 58 estudios empíricos sobre el perdón a 950. Estos estudios iniciaron una línea de investigación a la que recientemente se han sumado multitud de profesionales, y cuyos resultados sugieren altas conexiones entre el perdón y la salud física, mental y espiritual.

Uno de los trabajos que mayores evidencias ofrecen a la hora de vincular  el perdón y la salud es el llevado a cabo por el doctor Frederic Luskin, cofundador del Stanford Forgiveness Project, concluyendo en múltiples estudios que el perdón eleva el estado de ánimo y aumenta el optimismo, mientras que no perdonar está correlacionado con estados de depresión, ansiedad y hostilidad.

Cuando no perdonamos liberamos todos los neuroquímicos del estrés y la ansiedad. La adrenalina, el cortisol y la norepinefrina rocían el cuerpo. Nuestra presión arterial y nuestra frecuencia cardíaca aumentan dramáticamente, y con ello el riesgo de sufrir enfermedades coronarias. La tensión muscular y la actividad las glándulas sudoríparas se disparan. El cerebro entra en lo que se conoce como “la zona de no-pensamiento”, un estado cognitivo en el que nuestras facultades mentales se ven seriamente limitadas: no podemos pensar con claridad, y encontrar soluciones creativas a nuestros problemas cotidianos se vuelve inasequible.

“La investigación sugiere que el perdón probablemente evolucionó como un mecanismo biológico que nos permite superar el dolor y aliviar el sufrimiento humano.”

Perdón y aceptación

El perdón permite que esta excitación física iniciada por la hostilidad regrese a un punto de equilibrio óptimo: la presión arterial y el ritmo cardíaco descienden, los neuroquímicos del estrés son reabsorbidos y el sistema nervioso activa el modo parasimpático, la llamada respuesta de relajación.

Perdonar activa las partes más recientemente evolucionadas de nuestro cerebro, como la corteza prefrontal y la corteza cingulada posterior, que se ocupan de la resolución de problemas, la moral, la comprensión de los estados mentales y emocionales de los demás, y el control cognitivo de las emociones.

Este control cognitivo sobre los centros emocionales del cerebro inhibe las reacciones impulsivas alimentadas por la rabia y el odio. El pensamiento superior nos permite dar nuevas interpretaciones a lo que nos ocurre, visualizar nuevas posibilidades, ponernos en el lugar del otro de forma objetiva y convertir un evento doloroso en algo menos molesto a nivel mental y emocional. Esto tiene a su vez un impacto decisivo en nuestros estados de ánimo, nuestra autoestima, nuestras respuestas emocionales, nuestras relaciones y nuestro sentido interior de propósito vital.

La investigación sugiere que el perdón probablemente evolucionó como un mecanismo que nos permite superar el dolor y aliviar el sufrimiento humano: nos ayuda a superar una situación que de otro modo sería una importante fuente de estrés desde un punto de vista psicológico y neurobiológico.

La inteligencia natural, al encontrar que los seres humanos nos enfrentábamos a situaciones extremadamente dolorosas que amenazaban nuestra integridad hasta el punto de poner en peligro nuestra supervivencia, desarrolló un mecanismo de alivio del dolor y el sufrimiento que se activa en nuestro cerebro a través del perdón y la aceptación. Cuando sentimos emociones positivas hacia las personas que nos ofendieron, experimentamos cambios fisiológicos en tiempo real que mantienen el equilibrio en nuestro cuerpo-mente. Además, el perdón ha servido también como mecanismo evolutivo de cohesión social que asegura la supervivencia del clan.

Sin embargo, nuestra cultura neoliberal no suele promover el perdón y la compasión: los actos de caridad extrema suelen ser percibidos como tonterías e insensateces, meros signos de debilidad y sumisión, de modo que nos resulta más fácil estigmatizar o denigrar a nuestros enemigos que empatizar y perdonarlos. Esta mentalidad nos resta salud física y mental, y a menudo nos sume en la separación, el odio y la disgregación. El primer paso hacia la libertad es dejar de percibir el perdón como algo irracional.

A perdonar sólo se aprende en la vida cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho” – Jacinto Benavente

El perdón como símbolo de libertad

Cuando hemos sido enormemente dañados y el simple hecho de recordar nuestro dolor resulta devastador, la práctica del perdón y la compasión se vuelven todo un desafío. Sin embargo, existen modelos basados en esta nueva ciencia del perdón -y cuyas raíces se hallan en los valores transmitidos por la tradición espiritual- que nos ofrecen una nueva perspectiva ante la ceguera del odio, la ira y el rencor.

Uno de los investigadores que participaron en la Campaña de Investigación del Perdón fue el Dr. Robert Enright, quien describió un modelo teórico del perdón dividido en 4 partes, y que ha servido como base para desarrollar estrategias que hoy se utilizan en la terapia clínica:

1. Descubrimiento: En primer lugar, se encuentra el descubrimiento de la ira y la exploración de cómo la ofensa y la furia resultante cambian nuestro estado de salud, nuestra visión del mundo, nuestro comportamiento social y nuestra vida en general. Al Buda se le atribuye esta cita, que resume magistralmente este primer paso: “Aferrarse a la ira es como aferrarse a una brasa candente con la intención de tirársela a otro; tú eres el que se quema”.

2. Decisión: Tras reconocer nuestra ira, experimentarla plenamente y enfrentar el dolor que causa, establecemos la clara intención de perdonar, lo que requiere también un entendimiento de lo que el perdón supone.

3. Encuentro: A continuación, trabajamos para alcanzar el desarrollo de un cierto nivel de comprensión y compasión por la persona que nos causó el daño. Este paso es, básicamente, salir al encuentro del otro.

4. Liberación: La fase final desarrolla esta compasión desde el reconocimiento de que otros han sufrido y atravesado experiencias similares: la persona que te traicionó también ha vivido experiencias similares. Este entendimiento nos ayuda a salir de la prisión emocional del rencor, el castigo y la condena.

El Dalai Lama también nos ofrece una visión del perdón como vía a la salud física, mental y espiritual; la ira, la venganza y el rencor, por el contrario, son causa de sufrimiento:

“Hay dos niveles de perdón. Un nivel: el perdón implica que no deberías desarrollar sentimientos de venganza, puesto que perjudicas a la otra persona, y es por tanto una forma de violencia. Con la violencia, hay normalmente contraviolencia.  Esto genera más violencia aún – el problema nunca termina. Otro nivel: el perdón significa que no deberías desarrollar sentimientos de ira hacia tu enemigo. La ira no resuelve nada. La ira sólo te trae sentimientos incómodos, destruye tu paz mental. No puedes sentir felicidad mientras mantengas la ira. Con el perdón la mente está tranquila, hay más paz mental, y más salud para el cuerpo.”

7 pasos hacia el perdón: un modelo práctico

Si bien los modelos teóricos son realmente útiles a la hora de ayudarnos a comprender con mayor claridad el territorio del perdón, en la práctica todo resulta mucho más sombrío y complicado. Cuando estos modelos nos resultan insuficientes, es posible que necesitemos la guía de un referente que pueda apoyarnos en el proceso (un profesional clínico, un terapeuta, un líder espiritual, un grupo de apoyo…).

Alternativamente, también proponemos este sencillo modelo práctico de 7 pasos que, si bien no pretende sustituir en ningún caso los modelos clínicos, nos permite comenzar con buen pie nuestro camino de regreso al perdón, la aceptación y la compasión:

1. Identificación de la persona: Tomamos conciencia de a quién desearíamos perdonar. En este primer paso tenemos presente que el perdón no es una forma de minimizar los actos de quien nos ofendió, sino un mecanismo biológico diseñado para librarnos de los venenos que causan sufrimiento: ira, irritación, frustración, enojo, furia, rabia, molestia, rencor, venganza, condena…

2. Identificación de sus actos: Una vez identificada la persona, tomamos conciencia con el mayor nivel posible de detalle de las acciones que generaron nuestro rencor. Describimos esas acciones objetivamente, sin caer en la sensiblería fácil. Incluso si las acciones de esa persona fueron deliberadas y con la clara intención de causar daño, debemos encontrar espacio para la calma y la compasión.

3. Regreso a los adentros: Tras ello, nos volvemos íntimos con nuestra vida interior y elaboramos una lista de los sentimientos y emociones relacionadas con el evento y la persona en cuestión. Es muy importante que nombremos nuestros sentimientos y emociones sin caer en el victimismo: el “pobre de mí” solo trae más desesperación a la confusión que el rencor inició, y no nos ayuda en nada a librarnos del desasosiego.

4. Intención: Establecemos el firme propósito de dejar marchar la ponzoña interior para hallar la paz y la libertad, y tomamos conciencia de que esta posibilidad es real: cuando seamos capaces de perdonar, seremos libres de la cascada de eventos fisiológicos y psicológicos que el resentimiento desata.

5. Pide perdón: Antes de perdonar, debemos ser conscientes de que nosotros también hemos errado y hemos sido perdonados. Una buena forma de crear un espacio interior para el perdón es repetir esta afirmación que el maestro budista Joseph Goldstein suele recomendar: “Si he herido o lastimado a cualquiera por mis pensamientos o palabras o acciones, pido perdón. Y libremente perdono a cualquiera que me haya herido o lastimado.”

6. Perdona: Por muy irracional que pueda parecernos, decidimos perdonar a la persona que identificamos en el primer paso. Como decía el Dr. Enright, salimos al encuentro del otro. Esto no quiere decir que todo nuestro resentimiento vaya a desaparecer de un plumazo, sino que con nuestra actitud estaremos creando, paso a paso, una nueva línea base sobre la que cuerpo y mente puedan comenzar a operar. Podemos servirnos de esta afirmación para reforzar la decisión consciente que hemos tomado: “A pesar de todo el daño que me hiciste, te perdono”. Antes de que el gran tramposo que es el ego quiera utilizar este gesto de perdón para ensanchar nuestra vanidad, recordamos que el perdón no nos hace superiores a quien nos ofendió. El perdón simplemente nos libera del rencor, la ira y la condena.

7. Agradece: cualquier experiencia -incluidas las más indeseables y dolorosas- nos brinda un aprendizaje que nos sirve en muchos otros ámbitos de nuestra vida, lo cual es motivo de agradecimiento. La práctica de la gratitud es un excelente complemento a la práctica del perdón, y en este artículo te guiamos paso a paso en la incorporación de una fantástica herramienta avalada por la ciencia llamada Diario de Gratitud.

Resumiendo

1. El rencor activa en nosotros estados de depresión, ansiedad y hostilidad que nos restan salud física, mental y espiritual.

2. El perdón nos permite regresar a un punto de equilibrio óptimo donde todas nuestras funciones fisiológicas y cognitivas son restablecidas: cuando dejamos marchar la opresión interior del rencor y la ira, nuestro cuerpo y nuestra mente retornan a su mejor versión.

3. Los modelos teóricos del perdón, como los que nos ofrecen el Dr. Robert Enright o las tradiciones espirituales, son una excelente forma de ayudarnos a comprender el territorio interior del perdón.

4. Nuestro modelo práctico de 7 pasos puede ayudarte comenzar con buen pie tu camino de regreso a la aceptación y la compasión.

Y por último, aprovechamos como siempre para promover las prácticas introspectivas en general y la atención plena en particular. No nos cansaremos de afirmar que no hay mejor forma de transformar nuestro cuerpo-mente, crear conciencia y desarrollar nuestras virtudes naturales – generosidad, altruismo, bondad, compasión, perdón, gratitud, claridad mental…– que la experiencia directa. En este enlace puedes unirte gratis a nuestro Reto de Mindfulness, un curso online introductorio de atención plena totalmente guiado.

“El perdón es la fragancia que derrama la violeta en el talón que la aplastó” – Mark Twain

Autor

Jorge Benito

A caballo entre el mundo de la investigación y la aplicación práctica, Jorge Benito dirige Mindful Science, donde explora la conexión mente-cuerpo, la activación voluntaria de nuestros mecanismos naturales de transformación biopsicosocial y el fortalecimiento de nuestras capacidades y virtudes humanas.

Autor del libro Educar para Sanar y creador del Reto de Mindfulness, que sienta las bases teórico-prácticas de todos los ejercicios y estrategias ofrecidas en Mindful Science, Jorge actualmente colabora en el desarrollo de una nueva tecnología de retroalimentación cardiorrespiratoria que codifica y analiza las señales del cerebro y el corazón, y que pronto estará comercialmente disponible para todo el mundo.

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