Neurociencia

La Consciencia Según la Ciencia

Qué es, cómo la estudia la neurociencia y por qué sigue siendo el mayor misterio de la mente humana.

Nerina Crocce 10 marzo 2025 14 min de lectura
Tabla de Contenidos

Lo que vas a aprender en este artículo

  • Conciencia y consciencia no son sinónimos: la primera es un concepto ético-moral; la segunda, la experiencia subjetiva de ser — la más difícil de explicar científicamente.
  • La ciencia lleva décadas avanzando hacia teorías de la consciencia. Las dos más influyentes hoy — la Teoría del Espacio de Trabajo Global (Baars) y la Teoría de la Información Integrada (Tononi) — ofrecen respuestas parciales y complementarias, pero el misterio central permanece.
  • El mindfulness no es solo una técnica de relajación: es una práctica de entrenamiento de la consciencia — la capacidad de observar la propia experiencia subjetiva con mayor claridad, estabilidad y ecuanimidad.

“La consciencia es lo más familiar y al mismo tiempo lo más misterioso. Entendemos mejor la física del universo a 13 mil millones de años de distancia que la naturaleza de nuestra propia experiencia subjetiva. Por eso la llamo el problema difícil: no porque sea imposible de abordar, sino porque ninguna explicación funcional del cerebro parece poder responder por qué esos procesos vienen acompañados de experiencia en absoluto.”

David Chalmers, filósofo y cognitólogo australiano. Profesor en la Universidad de Nueva York (NYU) y co-director del Centro para la Mente, el Cerebro y la Consciencia de NYU. Autor de The Conscious Mind (1996), obra fundamental de la filosofía de la mente contemporánea. Formulador del “problema difícil de la consciencia” (hard problem of consciousness).

Dos palabras distintas para dos realidades distintas

En español existe una distinción que el inglés no articula con la misma claridad: la diferencia entre conciencia y consciencia. La Real Academia Española (RAE) las distingue y el uso informado las separa. Confundirlas no es un error menor — es perder una distinción conceptual importante.

Conciencia — con “c” — hace referencia al sentido moral: la capacidad de distinguir el bien del mal, de evaluar nuestras acciones en términos éticos. Cuando decimos que alguien “actúa en conciencia”, o que algo “le pesa en la conciencia”, estamos usando el término en este sentido. Es un concepto fundamentalmente normativo y ético.

Aristóteles ya describía la conciencia moral como la capacidad de comprender el mundo en términos de lo correcto y lo incorrecto. Tomás de Aquino, siglos más tarde, la situó en la capacidad natural de la razón para orientarse hacia el bien. Ambos filósofos apuntaban al mismo fenómeno: la dimensión evaluativa y moral de la mente humana.

Consciencia — también con “c” pero con otro significado — hace referencia a algo diferente: la experiencia subjetiva de ser. La capacidad de percibir, sentir, pensar y tener experiencias internas. Cuando estás despierto y experimentas el color del cielo, el sabor del café, el recuerdo de una conversación — eso es consciencia. No es un juicio moral: es el hecho mismo de que hay algo que se siente como ser tú.

Esta es la distinción que este artículo explora. Y es, según Jean-Paul Sartre, una paradoja fascinante:

“La conciencia solo puede existir de una manera, y es teniendo consciencia de que existe.” — Jean-Paul Sartre

El problema difícil: por qué la consciencia desafía a la ciencia

La neurociencia moderna ha logrado cosas extraordinarias. Puede mapear qué regiones del cerebro se activan cuando procesas una imagen, recuerdas un hecho, tomas una decisión o sientes miedo. Puede describir en detalle los mecanismos neuronales del sueño, la atención, la memoria y el aprendizaje.

Pero hay una pregunta para la que aún no tiene respuesta: ¿por qué todos estos procesos físicos vienen acompañados de experiencia subjetiva?

En 1995, el filósofo australiano David Chalmers formuló esta pregunta con una precisión que cambió el campo. La llamó el problema difícil de la consciencia (the hard problem of consciousness). La distinción que propuso es simple pero devastadora:

Los problemas fáciles (easy problems) de la consciencia son los que la neurociencia puede abordar: cómo el cerebro integra información, cómo dirige la atención, cómo genera reportes sobre su propio estado, cómo distingue el sueño de la vigilia. Son “fáciles” no porque sean triviales, sino porque son en principio accesibles al método científico: se pueden estudiar, medir, modelar.

El problema difícil es otro: ¿por qué cualquiera de estos procesos físicos genera experiencia subjetiva? ¿Por qué cuando la luz de cierta longitud de onda incide en mis receptores visuales se siente como rojo? ¿Por qué no ocurre todo “en la oscuridad” — es decir, sin ningún acompañamiento experiencial?

Esta no es una pregunta filosófica ociosa. Es la brecha entre la neurociencia del cerebro y la fenomenología de la mente — entre describir lo que el cerebro hace y explicar por qué hay algo que se siente como hacerlo.

Las grandes teorías científicas de la consciencia

La ciencia no ha resuelto el problema difícil, pero sí ha desarrollado teorías poderosas para los problemas fáciles — y algunas que aspiran a ser algo más. Las dos más influyentes en el debate actual son la Teoría del Espacio de Trabajo Global y la Teoría de la Información Integrada.

La Teoría del Espacio de Trabajo Global (Global Workspace Theory — GWT)

Propuesta por el psicólogo cognitivo Bernard Baars en 1988 y desarrollada posteriormente por el neurocientífico Stanislas Dehaene, la GWT propone que la consciencia emerge cuando la información se integra y difunde globalmente en el cerebro. La metáfora que usa Baars es la de un teatro: hay muchos procesos inconscientes que ocurren de forma paralela y automática — como actores trabajando entre bambalinas — pero solo lo que llega al “escenario iluminado” del espacio de trabajo global se vuelve consciente. Este espacio de trabajo actúa como un “pizarrón común” al que acceden todos los sistemas del cerebro: memoria, atención, lenguaje, planificación. Cuando la información es transmitida a este espacio y difundida a todo el sistema, hay consciencia. La GWT predice que la actividad consciente produce un “encendido” característico de la corteza prefrontal — un patrón neuronal que los estudios de neuroimagen han confirmado en parte.

La Teoría de la Información Integrada (Integrated Information Theory — IIT)

Desarrollada por el neurocientífico Giulio Tononi en 2004 y respaldada también por Christof Koch, la IIT propone que la consciencia es idéntica a la información integrada — representada matemáticamente como la cantidad Φ (phi). Un sistema tiene más consciencia cuanta más información integrada posea de forma irreducible: no puede ser descompuesto en partes sin perder información. La IIT tiene implicaciones filosóficas fascinantes y controvertidas: en principio, cualquier sistema físico con suficiente Φ sería consciente — lo que llevaría a formas de panpsiquismo (la idea de que la consciencia está distribuida en el universo, no confinada a los cerebros humanos).

El experimento adversarial de 2023 — y los resultados publicados en Nature en 2025

En 1998, Chalmers y Koch hicieron una apuesta: ¿encontraría la ciencia los correlatos neurales claros de la consciencia en 25 años? En junio de 2023, en el congreso anual de la Asociación para el Estudio Científico de la Consciencia, se resolvió la apuesta. Koch, que había apostado que sí, reconoció públicamente que los correlatos seguían sin estar claramente identificados — y entregó a Chalmers una botella de Madeira de 1978. Pero la apuesta había generado algo más valioso que una botella de vino: el mayor experimento “adversarial” de la historia de la neurociencia de la consciencia, en el que laboratorios neutros pusieron a prueba simultáneamente las predicciones de la GWT y la IIT con 256 participantes humanos, usando fMRI, MEG y electrodos intracerebrales. Los resultados, publicados en Nature en abril de 2025, encontraron evidencia parcial para ambas teorías — y desafíos importantes para las dos. El campo sigue abierto.

La consciencia no está en un lugar — está en una red

Una de las conclusiones más sólidas de décadas de investigación neurocientífica sobre la consciencia es que no está localizada en una región cerebral específica. No hay un “centro de la consciencia” en el cerebro.

Lo que sí existe es una red de regiones que trabajan de forma coordinada y sincronizada cuando estamos conscientes. Las técnicas de resonancia magnética funcional (fMRI) y electroencefalografía (EEG) han revelado que los estados conscientes se caracterizan por una mayor coherencia y sincronización de la actividad en redes neuronales distribuidas — un patrón que desaparece durante el sueño profundo, bajo anestesia general, o en estados de coma.

Esta comprensión tiene consecuencias clínicas directas: hoy se utilizan mediciones de integración de información para evaluar el nivel de consciencia en pacientes que no pueden comunicarse — personas con lesiones cerebrales severas, en estado vegetativo, o bajo anestesia — con implicaciones importantes para la toma de decisiones médicas y éticas.

Entrena tu consciencia

Meditaciones guiadas para cultivar la atención plena y la claridad mental. En español. 7 días gratis.

Comienza Tu Prueba Gratis

Mindfulness como entrenamiento de la consciencia

Si la consciencia es la experiencia subjetiva de ser — la capacidad de percibir, sentir, pensar y observar la propia experiencia — entonces la meditación mindfulness es, en sentido estricto, una práctica de entrenamiento de la consciencia.

El mindfulness no añade contenido nuevo a la experiencia. Lo que hace es entrenar la calidad de la atención con la que la mente observa su propio contenido — pensamientos, emociones, sensaciones físicas — con mayor claridad, menor reactividad y sin identificarse automáticamente con lo que surge.

Este entrenamiento tiene dos dimensiones:

La dimensión metacognitiva

Aprender a observar los propios procesos mentales sin ser arrastrado por ellos. Cuando practicamos mindfulness, desarrollamos lo que los neurocientíficos llaman “conciencia metacognitiva”: la capacidad del cerebro de observarse a sí mismo en funcionamiento. Esta capacidad se asocia con mayor regulación emocional, menor rumiación y mayor bienestar psicológico.

La dimensión fenomenológica

Cultivar una relación más directa, vívida y presente con la experiencia momento a momento. Irónicamente, cuanto más entrenada está la atención, más rica y detallada se vuelve la experiencia — más colores en el mundo, más matices en las emociones, más presencia en las relaciones.

Los estudios muestran que la práctica regular de mindfulness reduce la actividad de la red neuronal por defecto — el modo de funcionamiento en el que el cerebro genera pensamiento autorreferencial y rumia sobre el pasado y el futuro — y aumenta la capacidad de permanecer en el presente con ecuanimidad.

En ese sentido, el mindfulness no es solo una técnica para reducir el estrés. Es una forma de aprender a habitar más plenamente la propia consciencia — de vivir, en el sentido más literal, con mayor conciencia plena.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre conciencia y consciencia en español?

Según la Real Academia Española, la conciencia hace referencia al sentido moral — la capacidad de distinguir el bien del mal. La consciencia hace referencia a la experiencia subjetiva de ser: la capacidad de percibir, sentir, pensar y tener experiencias internas. En el habla cotidiana se usan indistintamente, pero en filosofía, psicología y neurociencia la distinción es importante y precisa.

¿Ha resuelto la ciencia el problema de la consciencia?

No. La neurociencia ha identificado muchos correlatos neurales de la consciencia — patrones de actividad cerebral asociados con estados conscientes — y ha desarrollado teorías poderosas. Pero el “problema difícil” de Chalmers — por qué los procesos físicos del cerebro vienen acompañados de experiencia subjetiva — permanece sin respuesta. Un experimento publicado en Nature en 2025 que puso a prueba las dos teorías más importantes encontró evidencia parcial para ambas, sin resolver el debate.

¿Tienen consciencia los animales?

La evidencia científica disponible sugiere que los vertebrados con sistemas nerviosos complejos — mamíferos, aves, y posiblemente algunos invertebrados como los pulpos — tienen formas de experiencia subjetiva. La Declaración de Cambridge sobre la Consciencia (2012), firmada por un grupo de neurocientíficos destacados, afirmó que los animales no humanos poseen los sustratos neurológicos necesarios para generar estados conscientes. El debate sobre el grado y la naturaleza de esa consciencia continúa.

¿Puede la inteligencia artificial ser consciente?

Es una de las preguntas más activas del campo. Desde la perspectiva de la GWT, una IA con un espacio de trabajo global suficientemente integrado podría tener consciencia. Desde la IIT, depende de si el sistema tiene suficiente Φ — información integrada irreducible. Actualmente, los modelos de inteligencia artificial procesan información de formas muy diferentes a los cerebros biológicos, y no existe evidencia de que sean conscientes — aunque la pregunta se vuelve más urgente a medida que los sistemas de IA se vuelven más sofisticados.

La consciencia es lo más cercano y lo más misterioso que tenemos. Habitamos en ella en cada instante — y sin embargo la ciencia apenas comienza a trazar sus contornos.

¡Gracias por leernos! ¡Hasta pronto!

Texto de Nerina Crocce para Mindful Science.


Fuentes y referencias

  1. Chalmers, D. J. (1995). Facing up to the problem of consciousness. Journal of Consciousness Studies, 2(3), 200–219. Ver en consc.net →
  2. Chalmers, D. J. (1996). The Conscious Mind: In Search of a Fundamental Theory. Oxford University Press. Ver en Amazon →
  3. Baars, B. J. (1988). A Cognitive Theory of Consciousness. Cambridge University Press. Ver en Cambridge →
  4. Tononi, G. (2004). An information integration theory of consciousness. BMC Neuroscience, 5, 42. Ver en PMC →
  5. Melloni, L., Mudrik, L., Pitts, M., et al. (2025). Adversarial testing of global neuronal workspace and integrated information theories of consciousness. Nature, 631, 1–8. Ver en Nature →
  6. Low, P., et al. (2012). The Cambridge Declaration on Consciousness. Francis Crick Memorial Conference. Ver texto completo →
  7. Real Academia Española (2010). Ortografía de la lengua española. RAE/ASALE.

El misterio más grande
eres tú.

Meditaciones guiadas para entrenar la consciencia y la atención plena. En español. 7 días gratis.

Comienza Tu Prueba Gratis