Hacia una nueva inteligencia: la conexión mente-cuerpo y los mecanismos naturales de transformación biopsicosocial

Jorge Benito

El cuerpo y la mente se comunican de forma constante y se influyen recíprocamente en tiempo real. Todo cambio en nuestro estado mental -consciente o inconsciente, real o imaginado-, viene acompañado de un cambio en nuestra biología; todo cambio físico genera, del mismo modo, un cambio en nuestra psique y nuestra percepción.

Este principio de unidad psicosomática, que ya fue revelado por tradiciones místicas y espirituales de todas las épocas, posee de hecho sólidas bases científicas. La conexión mente-cuerpo cumple con los parámetros establecidos por el método científico: es mensurable, previsible y reproducible. 

Tus pensamientos modifican tu cerebro

Una premisa actual de la neurociencia sugiere que cuando la energía fluye y transporta información a los distintos circuitos del cerebro, generamos los correlatos neurales de la experiencia mental (Farb et al. 2007). Es decir, nuestra actividad mental fortalece miles de millones de conexiones sinápticas, crea conexiones nuevas e incluso puede favorecer la neurogénesis (la creación de nuevas neuronas).

Nuestros hábitos y comportamientos también modelan el
cerebro, como Merzenich  (acaso el investigador más renombrado en
neuroplasticidad) y Kaas han mostrado en sus estudios, llegando a afirmar que “la corteza no es estática, sino dinámica. Cada vez que la mapeamos, es diferente. Entonces nos preguntamos, ¿qué motiva este dinamismo? El comportamiento.”

El cerebro, por lo tanto, no es una entidad permanente, sino que cambia activamente y se reconfigura a sí mismo en función de diversos factores como son los estímulos ambientales, nuestra percepción de los mismos e incluso nuestra actitud. Cuando cambiamos el foco de atención, nuestro cerebro cambia, pues se activan nuevas áreas y se crean nuevas asociaciones, nuevas constelaciones de neuronas. Nuestro esfuerzo dirigido, voluntario, consciente, altera las funciones cerebrales. Nuestro esfuerzo mental posibilita una neuroplasticidad autodirigida (Schwartz 2003).

“El corazón puede operar
independientemente del cerebro para aprender, tomar decisiones e incluso sentir. De hecho, el corazón le envía más señales al cerebro de las que recibe.”

Un cerebro en el corazón

Si el trabajo de la neurociencia te resulta fascinante, espera a conocer los más recientes avances en neurocardiología. Resulta que el cerebro cortical no es la única estructura del cuerpo que participa en la regulación de nuestra psique, nuestra biología y nuestro comportamiento.

Nuestro corazón, además de ser una glándula hormonal que produce moléculas como la famosa oxitocina (la llamada hormona del amor), posee también una sofisticada red neuronal, tan extensa y tan compleja, que puede operar independientemente del cerebro craneal para aprender, tomar decisiones e incluso sentir. De hecho, el corazón le envía más señales al cerebro de las que recibe.

Nuestro corazón genera diferentes patrones de actividad (determinados por la variabilidad del ritmo cardíaco) y estos se sincronizan con las ondas cerebrales, afectando directamente nuestras funciones cognitivas y nuestras respuestas emocionales. Las emociones y pensamientos compasivos generan una actividad cardíaca coherente, de ondas amplias y regulares, que permite que nuestras funciones cognitivas y orgánicas operen óptimamente. El miedo, la ira o la desconfianza generan un patrón incoherente que nos compromete seriamente.

Como vemos, la tradicional asociación del corazón como centro de amor y compasión no es metafórica, sino literal. El amor es un estado de conciencia inteligente que permite que el corazón establezca la mejor comunicación posible con el cerebro.

“El “cerebro del corazón” activa en el cerebro de la cabeza centros superiores de percepción completamente nuevos que interpretan la realidad sin apoyarse en experiencias pasadas. Este nuevo circuito no pasa por las viejas memorias, su conocimiento es inmediato, instantáneo, y por ello, tiene una percepción exacta de la realidad.”
Annie Marquier

Y no solo eso. Investigaciones llevadas a cabo por el HeartMath Institute sugieren que cuando un individuo está en coherencia, el corazón irradia un campo de energía electromagnética cuyos efectos han probado ser beneficiosos tanto para nosotros mismos como para los demás seres vivos.

Nuestro trabajo de desarrollo de una nueva tecnología de retroalimentación cardiorrespiratoria, que codifica e interpreta las diferentes señales entre el cerebro y el corazón, se centra especialmente en cómo las tecnologías fisiológicas de adquisición y análisis de señales pueden apoyar la autoexploración y el autodesarrollo.

“Podemos desarrollar control consciente sobre funciones cognitivas y procesos fisiológicos que la ciencia moderna siempre consideró autonómicos y no susceptibles de intervención voluntaria. ”

La ciencia de la transformación inteligente

En su libro Relaxation Revolution, el Dr. Herbert Benson, uno de los pioneros de la Medicina Mente Cuerpo y la Biología de la Creencia, comparte un fascinante estudio que condujo en 2008 y cuyos resultados demuestran que la mente puede influir en nuestra biología hasta el punto de modificar la expresión de nuestros genes.

Este estudio, llevado a cabo en la Harvard Medical School, reunió a 19 meditadores experimentados y 19 personas sin experiencia en prácticas mente-cuerpo. De los 20.000 genes que el Proyecto Genoma Humano estima que poseemos, el grupo no experimentado mostraba la nada desdeñable cantidad de 2.209 genes con una expresión diferente a la del grupo experimentado. Estos genes estaban asociados con enfermedades y condiciones médicas relacionadas con el estrés, incluyendo la deficiencia de respuestas inmunes, varios tipos de inflamación, envejecimiento prematuro, adelgazamiento de la corteza cerebral, problemas cardiovasculares y cáncer.

Después de solo 8 semanas de entrenamiento en diversas prácticas de atención plena durante 20 minutos al día, el grupo no experimentado cambió la expresión de 433 de estos genes, acercándose a la expresión génica del grupo de practicantes experimentados. Las probabilidades de que esto sucediera sin intervención voluntaria habían sido estimadas de 1 entre 10.000 millones.

Los protocolos del Dr. Benson y su equipo ofrecen evidencia irrefutable de que las prácticas introspectivas mente-cuerpo pueden activar el interruptor que enciende y apaga la expresión génica asociada a salud y enfermedad. La mente puede influir en el cuerpo hasta el punto de sanarlo.

En su libro The New Science of BreathStephen Elliott expone que respiramos una media de 15 veces por minuto, una tasa que el sistema nervioso autónomo interpreta como “lucha o huida”, término que el Dr. Walter Canon introdujo para referirse al sistema nervioso simpático.

El sistema nervioso simpático es un modo de emergencia que activa los mecanismos biológicos del estrés, el miedo y la ansiedad, generando ese desagradable estado interior de opresión y agobio. Sin embargo, cuando intervenimos conscientemente en nuestra respiración hasta adquirir un ritmo de 5 ciclos por minuto, el cuerpo físico regresa a un punto de equilibrio nervioso óptimo llamado homeostasis y el corazón entra en coherencia.

En suma, el trabajo de científicos e investigadores como David
Spiegel
, Herbert BensonElmer GreenCandace PertBruce Lipton, o el mismo equipo de Mindful Science indica que podemos desarrollar control consciente sobre funciones cognitivas y procesos fisiológicos que la ciencia moderna siempre consideró autonómicos y no susceptibles de intervención voluntaria.

Mente inteligente, cuerpo inteligente

Las enseñanzas de místicos, religiosos y líderes espirituales también revelan que poseemos una inteligencia psicosomática cuya sabiduría emerge cuando somos capaces de tomar conciencia acerca de nuestros procesos mentales y corporales.

El Ajq’ij (guía espiritual maya) Tata Pedro Cruz solía decirme que existe un Libro de Oro de la Nueva Era. En mi afán de investigar, conocer y comprender, yo le preguntaba una y otra vez dónde encontrar ese libro, hasta que un día me lo reveló:

“El libro de oro es tu cuerpo, tu sagrado cuerpo.”

El cuerpo es un templo divino, una herramienta para el autodesarrollo que atesora su propia sabiduría.

Ramiro Calle, introductor del yoga en España y uno de los místicos más brillantes de nuestra época, señala lo siguiente:

“En la sabiduría de la mente (luz de la mente) juega un papel fundamental la atención plena o el cultivo de la atención. Tenemos que trabajar la mente, conocerla, desarrollarla, desplegarla, puesto que la sabiduría de la mente es esencial, y a través de este desarrollo surge la acción diestra.

Por otro lado, debemos abrir nuestro corazón y estar en apertura amorosa. En la sabiduría del corazón (luz del corazón), la compasión es la clave. Un amor sin exigencias, sin imposiciones, sin reproches, sin dobles intenciones ni demandas narcisistas. No es un camino de sensiblería y sentimentalismo barato, o de hipersensibilidad enfermiza. Es un camino de atención, sosiego, lucidez y apertura que también podemos desarrollar con práctica continuada.

Cada uno de nosotros debe poner los medios para desarrollar la sabiduría de la mente y la sabiduría del corazón. Debemos practicar para reencontrar este ángulo de calma y quietud.”

“El amor es una forma elevada de inteligencia psicosomática. Desde que nacemos estamos biológicamente predispuestos a entregar y recibir amor, a amar y ser amados, y este amor permite que nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro comportamiento social se transformen.”

Saliendo del miedo: el amor como mecanismo evolutivo 

Para el maestro soto zen Dokushô Villalba, la atención es la condición imprescindible para que se produzca la conciencia en general y la conciencia de ser en particular.


“Básicamente, cuando nos sentamos en la meditación zen, se desarrollan dos cualidades características de la mente humana; una es llamada samata, en pali, y la otra es llamada vipasana. En otras palabras, concentración para samata, observación para vipasana.

Observación quiere decir observación lúcida, ecuánime y desapasionada de lo que sucede. Para que se produzca la observación es necesario desarrollar previamente la concentración, es decir, el aquietamiento mental.

Básicamente estos dos estados son dos aspectos de una gran virtud de nuestra mente llamada atención.”

– Del Iibro Vida simple, corazón profundo, de Dokushô Villalba 


Cuando nos sentamos y nos sentimos sin miedo, salimos del caos, el desasosiego y la reactividad impulsiva. Emerge la claridad, la sabiduría primordial del cuerpo y la mente, nuestra verdadera naturaleza luminosa oculta tras las brumas de ese gran tramposo que es el ego.

El miedo provoca en todos nosotros una respuesta biológica de protección que detiene nuestras funciones biológicas de crecimiento, bloquea nuestros procesos cognitivos superiores y genera patrones incoherentes de actividad cardíaca. En otras palabras, la negrura del miedo ciega nuestra mente, confunde a nuestro corazón y atrofia nuestro organismo.

Cuando dejamos de operar desde el miedo, nuestro sistema nervioso entra en parasimpatía, la respuesta de relajación, y activa los mecanismos biológicos de la transformación. Orientados hacia el amor, la compasión y la gratitud, nuestro cerebro se reestructura, el flujo de sustratos bioquímicos de la emoción es equilibrado, el corazón adquiere un patrón coherente y la red psicosomática mente-cuerpo mantiene su integridad. Nos sentimos plenos, sanos y en armonía.

El amor es una forma elevada de inteligencia psicosomática. Es un mecanismo de adaptación y evolución que actúa como circuito de retroalimentación biológico; es decir, desde que nacemos estamos biológicamente predispuestos a entregar y recibir amor, a amar y ser amados, y este amor permite que nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro comportamiento social se transformen.

Una percepción renovada 

Dado que nuestra percepción está ligada al cuerpo físico, nuestra forma de percibir la realidad está determinada por el cóctel de sustancias bioquímicas y por la actividad eléctrica que nuestro cuerpo produce (en el cerebro, en el corazón, e incluso en la barriga, el llamado sistema nervioso entérico). Si con nuestro esfuerzo mental aprendemos a comunicarle al cuerpo qué funciones orgánicas promover y en qué momento hacerlo, transformamos nuestra percepción en tiempo real.

Últimamente el mindfulness o atención plena se ha posicionado como una práctica bastante popular y reconocida a la hora de desarrollar nuestra atención. A pesar del uso poco ético que algunos promueven, nosotros sostenemos que, siempre que beba amorosamente de sus raíces místico-espirituales y se alimente de evidencia científica, es una opción excelente.

La autorregulación de la atención, sostenida con persistencia y mantenida desde la actitud correcta y la intención correcta, genera unos cambios asombrosos. “Se trata de observar cuántas veces perdemos la cabeza, recuperar la atención y empezar de nuevo”, dice Jon Kabat-Zinn, quien catapultó la práctica del mindfulness o atención plena a través del programa MBSR.


“Hablamos de mindfulness como una forma de estar relacionándote con la experiencia según transcurre. Y eso significa que estás entrenando tus facultades de atención para estar en el momento presente y menos distraído. Si te fijas, te darás cuenta de que la mayor parte del tiempo la mente está en el futuro, planeando o preocupándose. Y cuando no está en el futuro está en el pasado, elucubrando sobre qué ocurrió realmente, quién tiene la culpa… Mientras tanto, el momento presente, que es el único en el que podemos ver, oler, saborear, amar, 
aprender, sentir… se queda estrujado entre esas dos fuerzas.”

– Jon Kabat-Zinn


Cuando el asedio imaginario cesa, cuerpo y mente recuperan el equilibrio. La salud física se restablece y una gran cantidad de recursos cognitivos son liberados. El día a día se vuelve más claro, y esta claridad rocía todos los ámbitos de nuestra vida. Suceden cosas y estamos en ellas, estamos atentos, conscientes. Discernimiento y ecuanimidad cobran un nuevo significado. Del cuerpo surgen acciones correctas.

Con perseverancia y dedicación, cualidades como la gratitud, la generosidad, la amabilidad y el altruismo prosperan, y nuestras relaciones con otros seres sintientes se vuelven más genuinas y compasivas. El corazón irradia un campo electromagnético coherente que alimenta la cohesión social.

Cuando amor, presencia y compasión son cultivados, nuestra forma de percibir la realidad se transforma desde sus más profundos cimientos electroquímicos, y el mundo se ve abocado a esta evolución afectiva.

Pero, ¿qué es, al fin y al cabo, el amor? De nuevo, el maestro zen Dokushô Villalba lo define magistralmente: “amar es prestar atención a quien se ama y a lo que se ama”.

Prestarte atención plena es la primera forma de amor, y la más sublime muestra de inteligencia y sabiduría.

“El verdadero barómetro de la inteligencia es una vida feliz y efectiva vivida cada día y en cada momento de cada día.”
Dr. Wayne W. Dyer

Autor

Jorge Benito

A caballo entre el mundo de la investigación y la aplicación práctica, Jorge Benito dirige Mindful Science, donde explora la conexión mente-cuerpo, la activación voluntaria de nuestros mecanismos naturales de transformación biopsicosocial y el fortalecimiento de nuestras capacidades y virtudes humanas.

Autor del libro Educar para Sanar y creador del Reto de Mindfulness, que sienta las bases teórico-prácticas de todos los ejercicios y estrategias ofrecidas en Mindful Science, Jorge actualmente colabora en el desarrollo de una nueva tecnología de retroalimentación cardiorrespiratoria que codifica y analiza las señales del cerebro y el corazón, y que pronto estará comercialmente disponible para todo el mundo.

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