ARTÍCULO + BREVE EJERCICIO

Cuestión de actitud:
4 sencillas formas de equilibrarnos cuando estrés, ansiedad y miedo nos oprimen

Jorge Benito

Puede que tú también formes parte de ese creciente (y alarmante) número de personas que sufren de “vida moderna”. Es un síndrome muy particular: la sociedad de las “Tres Des” -dispersión, distracción y despiste- ha ejercido una influencia tan poderosa que perdemos la habilidad para manejar nuestros niveles de estrés, ansiedad y miedo.

Existen multitud de sencillas prácticas mente-cuerpo que han demostrado ser realmente eficaces a la hora de recuperar el equilibrio, pero hay un aspecto aún más importante antes de emprender el camino: debemos volvernos conscientes de los verdaderos motivos que han despertado en nosotros el propósito de viajar a los adentros, y este anhelo de transformación debe ser cuidadosamente sostenido con una actitud correcta.

En este artículo vamos a examinar 4 sencillas formas de recuperar el equilibrio cuando la tormenta mental hace acto de aparición, y cómo nuestra actitud es el pegamento que las mantiene en pleno vigor.

Las prácticas mente-cuerpo nos enseñan a centrar nuestra atención en el momento presente a través de la actividad cardiorrespiratoria, permitiéndonos volvernos conscientes de lo que experimentamos aquí y ahora: los pensamientos, sensaciones, emociones o comportamientos son monitorizados de forma abierta y objetiva, sin distorsiones mentales.

Con perseverancia emerge una mayor lucidez, discernimiento y compasión. Aprendemos entonces a observar partes más profundas de nuestro ser: nuestras neurosis, esas partes oscuras y rechazadas de nosotros mismos; nuestros caprichos, desvaríos y abusos narcisistas; las formas en las que nuestra reactividad e impulsividad nos atropella y atropella también a los demás.

El autoconocimiento que emerge de la práctica continuada crea una nueva línea base, una nueva “normalidad” más próxima al equilibrio y la paz interior.

“La actitud es uno de los nutrientes principales que ayuda a que nuestra atención florezca, y con ello nuestra salud y nuestro equilibrio cuerpo-mente.”

Si a la hora de llevar la atención hacia adentro y observarnos no asumimos una actitud correcta, podemos caer en una trampa habitual de ese gran impostor que es ego: el maltrato. Observamos rasgos o cualidades que nos incomodan y tendemos a la crítica feroz. Si caemos en este fraude de juicios valorativos hacia nosotros mismos o hacia los demás, solo estaremos creando más estrés, ansiedad, agobio y opresión.

La actitud es uno de los nutrientes principales que ayuda a que nuestra atención florezca, y con ello nuestra salud y nuestro equilibrio cuerpo-mente. Mantener nuestra conciencia en un estado de lucidez, saliendo de nuestros patrones de reactividad inconsciente, es, por encima de todo, una cuestión de actitud. Sin una actitud correcta, las acciones que emprendemos para transformar nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro comportamiento pueden fácilmente caer en saco roto.

Veamos ahora 4 estados del ser que, sostenidos con actitud, nos ayudarán a recuperar el equilibrio en cualquier situación cotidiana.

1. Voluntad

Cuando hemos resuelto trabajar activamente en nuestro equilibrio cuerpo-mente y hemos adoptado una actitud de distanciaminto de pensamientos y comportamientos generadores de estrés y ansiedad, lentamente vamos desarrollando nuestra voluntad.

La actitud correcta nos permite experimentarnos a nosotros mismos como seres con los recursos necesarios para afrontar cualquier situación, dificultad u obstáculo que se presenta en el camino. Al adoptar esta disposición interior, retroalimentamos nuestra confianza y fortaleza interior, y nuestra voluntad se consolida.

En nuestra senda de vida estamos sometidos a un constante bombardeo de estímulos. Cada uno de estos estímulos incide en nuestra consciencia tratando de llamar nuestra atención. Lo que nos predispone a recibirlos o ignorarlos no es otra cosa que nuestro estado de atención. No tiene nada que ver con los estímulos en sí mismos, sino que la atención es, en esencia, un ejercicio de actitud y voluntad.

Como decía el gran William James, el esfuerzo volitivo es el esfuerzo de atención… el esfuerzo de atención es, por lo tanto, el fenómeno esencial de la voluntad”.

2. Flexibilidad y apertura

La actitud nos ayuda también a abrirnos a nuevos puntos de vista, lo que sin duda resultará muy favorable a la hora de desafiar a los pensamientos habituales que alimentan a los indeseados miedo, estrés, ansiedad y depresión.

Fundamentalmente, la ansiedad es el resultado de esta “sociedad de las Tres Des”. Hemos creado un estilo de vida tan rígido y estricto que todo aquello que contrasta con nuestros puntos de vista tiende a ser un foco de opresión interior. Esta forma irracional de experimentar la realidad abre el grifo de la ansiedad.

Con una actitud más abierta y flexible, sin puntos de vista tan absolutos, el juez y el verdugo interior pierden sus voces. El cerebro deja de percibir los puntos de vista diferentes al nuestro como potenciales amenazas, con lo que se abstiene de activar el modo de lucha o huida, el estado simpático del sistema nervioso que libera el cóctel neuroquímico de la reactividad impulsiva y deriva en la opresión interior que llamamos miedo, estrés y ansiedad.

Dejar de criticar ferozmente todo aquello que parece contrario a nuestro rígido sistema de creencias es, indudablemente, una cuestión de actitud.

3. Aceptación

La capacidad de estar bien con lo que surge, sea lo que sea, sin apegos ni rechazos, sino simplemente observándolo y dejando que sea como es, nos ayuda a obtener claridad acerca de nuestra experiencia y escoger la forma en que respondemos ante estos eventos que surgen momento a momento.

Muchas de las personas que sufren de ansiedad pueden reconocer cuándo un ataque está apunto de emerger en base a sus sensaciones físicas. El problema es que estas sensaciones suelen ser, por sí mismas, las que detonan el ataque. En muchos casos las sensaciones no anuncian ningún peligro, sino que somos nosotros quienes las asociamos con ataques de ansiedad en base a experiencias previas; lo que precipitó el ataque no fueron las sensaciones, sino lo que nosotros pensamos de esas sensaciones.

Estas asociaciones mentales dislocadas son realmente peligrosas. Sin embargo, si aprendemos a surfear la ola de ansiedad, esta puede disolverse por sí misma sin mayores consecuencias. Ser capaces de observar nuestras sensaciones corporales en total aceptación, sin miedo, manteniéndonos imparciales ante lo que surge y con una sana curiosidad, requiere práctica, pero sobre todo requiere actitud.

4. Compasión

La primera forma de compasión es la autocompasión. Decía el maestro que si tu compasión no te incluye a ti mismo, no es completa. Y sucede que en muchas ocasiones somos gentiles y considerados con otros, pero la cosa es bien distinta cuando se trata de nosotros mismos.

La compasión nace de la actitud y crece con la práctica. Se trata de tendernos una mano a nosotros mismos. Cuando no filtramos tan negativamente la forma en la que nos percibimos o nos dirigimos a nosotros mismos, muchas fuentes de ansiedad se secan. Los juicios y prejuicios son padres de la ansiedad, que a su vez es madre de la depresión. Hablarnos interiormente a nosotros mismos en tono despectivo, desagradable o hiriente detona estados de excitación ansiosa.

Te proponemos este sencillo ejercicio

Echa un vistazo a las 4 actitudes de arriba y tómate tiempo para analizar lo que sientes al leerlas y cómo resuenan en ti.

Después, escribe en un papel las respuestas a estas 4 sencillas preguntas:

  • ¿Qué actitudes de las arriba descritas te resulta más natural o fácil adoptar?
  • ¿Siempre te resulta sencillo, o hay excepciones?
  • ¿Qué actitudes te resulta complicado adoptar?
  • ¿Se trata de una resistencia por tu parte, o simplemente no sabes cómo adoptar estas actitudes?

No te olvides de dejar tu comentario más abajo y compartir tu experiencia para inspirar a otros.

Autor

Jorge Benito

A caballo entre el mundo de la investigación y la aplicación práctica, Jorge Benito dirige Mindful Science, donde explora la conexión mente-cuerpo valiéndose de sencillas estrategias que conducen a la transformación biopsicosocial: fisiología corporal, procesos cognitivos, respuestas emocionales y comportamiento.

Autor del libro Educar para Sanar y creador del Programa Educación Sanadora, Jorge actualmente colabora en el desarrollo de una nueva tecnología de retroalimentación cardiorrespiratoria que codifica y analiza las señales del cerebro y el corazón, y que pronto estará comercialmente disponible para todo el mundo.

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