ARTÍCULO + BREVE EJERCICIO
Cómo mantener una actitud interior correcta cuando estrés, miedo y preocupación nos oprimen
Jorge Benito

Dispersión mental, preocupación, tristeza, desequilibrio emocional, relaciones interpersonales superficiales, envejecimiento prematuro…

¿Dónde se encuentran las causas de este síndrome de vida moderna?

Cada vez más expertos apuntan a una pérdida de nuestra habilidad natural para manejar las situaciones de amenaza, peligro y miedo. Si bien estos estados psicobiológicos tienen un propósito evolutivo, nos estamos convirtiendo en sujetos hiper-vigilantes e hiper-reactivos, con frecuencia más inclinados a buscar una narcotización rápida en lugar de atender a las verdaderas causas de nuestro dolor y frustración.

¿Cómo recuperar nuestras capacidades de autorregulación que forman parte de nuestro inventario natural?

Si en otros artículos hemos mostrado sencillas prácticas y estrategias mente-cuerpo avaladas por la ciencia, hoy vamos a hablar de otro aspecto primordial: una actitud interior correcta.

 

“La actitud es uno de los nutrientes principales que ayuda a que nuestra atención florezca, y con ello nuestra salud y nuestro equilibrio cuerpo-mente.”

Ya hemos compartido ampliamente en este blog las bases científicas detrás de las prácticas mente-cuerpo, así como su impacto psicobiosocial: a nivel físico, una respiración pausada y profunda pone en funcionamiento los mecanismos biológicos de crecimiento; a nivel mental, la monitorización abierta y objetiva de nuestros pensamientos, sensaciones y emociones nos permite volvernos lúcidos acerca de lo que percibimos y experimentamos; a nivel social, aprendemos a reconocer cómo nuestras neurosis, caprichos, desvaríos y abusos narcisistas atropellan a los demás y deterioran nuestras relaciones.

Sin embargo, si a la hora de llevar la atención hacia adentro y observarnos no asumimos una actitud correcta, podemos caer en una trampa habitual de ese gran impostor que es ego: el maltrato. Cuando observamos rasgos o cualidades que nos incomodan, tendemos a la crítica feroz. Si caemos en este fraude de juicios valorativos hacia nosotros mismos o hacia los demás, solo estaremos creando más estrés, ansiedad, agobio y opresión.

La actitud es uno de los nutrientes principales que ayuda a que nuestra atención florezca, nuestra conciencia emerja y nuestro equilibrio cuerpo-mente se exprese. Una actitud correcta nos permite experimentarnos a nosotros mismos como seres con los recursos necesarios para afrontar cualquier situación, dificultad u obstáculo que se presenta en el camino. Al adoptar esta disposición interior, retroalimentamos nuestra confianza y nuestra capacidad de resiliencia (en este enlace puedes ver 7 estrategias para desarrollar tu resiliencia).

Sin una actitud correcta, las acciones que emprendemos para recuperar el equilibrio mente-cuerpo-comportamiento pueden fácilmente caer en saco roto.

¿Cómo mantener una actitud correcta sin que esta se diluya a medida que vamos enfrentando nuestros desafíos cotidianos? ¿Cómo fortalecerla para que, poco a poco, vaya convirtiéndose en una virtud al servicio de nuestra autorregulación?

1. Desarrolla tu voluntad

Una vez que hemos resuelto trabajar activamente en nuestro equilibrio cuerpo-mente, se trata de sostener esta decisión con práctica diaria.

La práctica no solo nos enseña a relacionarnos de forma diferente con nuestros pensamientos perturbadores y nuestros comportamientos perniciosos, sino que también permite que nuestra voluntad florezca y perfume otras áeas de nuestra vida.

De hecho, la práctica de la atención plena y consciente es, en esencia, un ejercicio de actitud y voluntad. Nuestra sociedad moderna nos somete a un constante bombardeo de estímulos, y cada uno de estos estímulos incide en nuestra consciencia tratando de llamar nuestra atención. Lo que nos predispone a recibir o ignorar esos estímulos que nos rodean no es otra cosa que nuestro estado de atención. No tiene nada que ver con los estímulos en sí mismos.

Como decía el gran William James, el esfuerzo volitivo es el esfuerzo de atención… el esfuerzo de atención es, por lo tanto, el fenómeno esencial de la voluntad”.

2. Flexibilidad y apertura

La actitud correcta nos ayuda también a abrirnos a nuevos puntos de vista, lo que sin duda resultará muy favorable a la hora de desafiar a los pensamientos habituales que alimentan a los indeseados miedo, estrés, ansiedad y depresión.

Fundamentalmente, estos estados de agobio interior son el resultado de una actitud incorrecta. Nos volvemos tan rígidos y estrictos que todo aquello que contrasta con nuestros puntos de vista tiende a ser un foco de opresión interior. Esta forma irracional de experimentar la realidad abre el grifo de la ansiedad, la frustración y la tristeza.

Con una actitud más abierta y flexible, sin puntos de vista tan absolutos, el juez y el verdugo interior pierden sus voces. El cerebro deja de percibir los puntos de vista diferentes al nuestro como potenciales amenazas, con lo que se abstiene de activar el modo de lucha o huida, el estado simpático del sistema nervioso que libera el cóctel neuroquímico de la reactividad impulsiva y deriva en la opresión interior que llamamos miedo, estrés y ansiedad.

Dejar de criticar ferozmente todo aquello que parece contrario a nuestro rígido sistema de creencias es, sin duda, una cuestión de actitud.

3. Aceptación

La capacidad de estar bien con lo que surge, sea lo que sea, sin alarmarse y sin sentirse sobrepasado, nos ayuda a obtener claridad acerca de nuestra experiencia presente y nos da la oportunidad de escoger la forma en que respondemos ante estos eventos que surgen momento a momento.

Las prácticas mente-cuerpo nos ayudan a volvernos conscientes de nuestras asociaciones mentales dislocadas y a mantenernos en una actitud de aceptación. Ser capaces de observar nuestros pensamientos y sensaciones corporales en total aceptación, sin miedo, manteniéndonos imparciales ante lo que surge y con una sana curiosidad, requiere práctica, pero sobre todo requiere actitud.

4. Compasión

La primera forma de compasión es la autocompasión. Decía el maestro que si tu compasión no te incluye a ti mismo, no es completa. Y sucede que en muchas ocasiones somos gentiles y considerados con otros, pero la cosa es bien distinta cuando se trata de nosotros mismos.

La compasión nace de la actitud y crece con la práctica. Se trata de tendernos una mano a nosotros mismos. Cuando no filtramos tan negativamente la forma en la que nos percibimos o nos dirigimos a nosotros mismos, muchas fuentes de ansiedad se secan. Los juicios y prejuicios son padres de la ansiedad, que a su vez es madre de la depresión. Hablarnos interiormente a nosotros mismos en tono despectivo, desagradable o hiriente detona estados de excitación ansiosa.

Te proponemos este sencillo ejercicio

Echa un vistazo a los 4 puntos descritos arriba y tómate tiempo para percibir lo que sientes al leerlos.

Después, escribe en un papel las respuestas a estas 4 sencillas preguntas:

 

  • ¿Qué actitudes de las arriba descritas te resulta más natural o fácil adoptar?
  • ¿Siempre te resulta sencillo, o hay excepciones?
  • ¿Qué actitudes te resulta complicado adoptar?
  • ¿Se trata de una resistencia por tu parte, o simplemente no sabes cómo adoptar estas actitudes?

Autor

Jorge Benito

A caballo entre el mundo de la investigación y la aplicación práctica, Jorge Benito dirige Mindful Science, donde explora la conexión mente-cuerpo, la activación voluntaria de nuestros mecanismos naturales de transformación biopsicosocial y el fortalecimiento de nuestras capacidades y virtudes humanas.

Autor del libro Educar para Sanar y de los programas ofrecidos en Mindful Science, Jorge actualmente colabora en el desarrollo de una nueva tecnología de retroalimentación cardiorrespiratoria que codifica y analiza las señales del cerebro y el corazón, y que pronto estará comercialmente disponible para todo el mundo.

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